CD

Gaetano Brunetti
Divertimenti para Trío de Cuerda, serie IV
Carmen Veneris
Lindoro, 2014 (1 CD)

Madurez y frescura caracterizan el nuevo trabajo presentado por Carmen Veneris a través del sello Lindoro. El grupo de cámara consolida su buen hacer en el campo de la recuperación del patrimonio musical histórico apostando una vez más por obras inéditas de Gaetano Brunetti (1744-1798).

Para esta ocasión el grupo ha escogido los cinco divertimenti para trío de cuerda (L. 145-149), escritos por Brunetti en 1784 para violín, viola y violonchelo. El compositor, de origen italiano, vino a España cuando contaba con 16 o 17 años de edad y, tras conseguir en 1767 una plaza como violinista de la Real Capilla, ingresó al servicio del Príncipe de Asturias, con quien permaneció hasta su muerte, en 1798. Para el Príncipe, y luego rey Carlos IV, compuso un vasto repertorio de música de cámara y sinfónica que sobrepasa las 400 obras.

Acompaña la grabación un breve pero completo libreto en el que se incluye una magnífica reseña del autor del catálogo de la obra de Brunetti: Germán Labrador. A los diversos datos biográficos del autor se suman otros sobre su producción creativa, seguidos de un detallado análisis de todos y cada uno de los divertimenti. Cierra el libreto una nota biográfica sobre el grupo Carmen Veneris, donde se avala su fecunda actividad artística dentro y fuera de España. Apoya y enriquece esta dimensión internacional la traducción de ambos textos al inglés.

Los cinco divertimenti escogidos para esta grabación conforman la cuarta y última serie de composiciones para este género, cuyo total asciende a 23 obras. Las tres series precedentes constan de 6 obras cada una y fueron escritas entre 1772 y 1774; después, sólo volvería al trío de cuerda en 1794, pero en este caso con un segundo violín en lugar de viola. Por esta razón la serie IV de divertimenti para trío de cuerda representa un interesante corpus en el que los tres instrumentos son tratados con bastante independencia en el juego polifónico, a diferencia de las series anteriores, en las que el tratamiento seguía el modelo barroco de dos voces y bajo continuo, que requiere la intervención de un cuarto instrumento polifónico. No obstante, se observa un mayor protagonismo del violín que en contadas ocasiones es cedido a la viola y el violonchelo.

Este juego polifónico ha sido muy bien expuesto por los tres intérpretes de Carmen Veneris: Raúl Orellana (violín), Pablo Almazán (viola) y Guillermo Martín (violonchelo). Los músicos han sabido conjugar la tradición interpretativa barroca que subyace en algunos aspectos de la notación (sobre todo en lo referente a la ornamentación) con el pleno estilo clásico que domina la escritura de Brunetti y que en algún momento apunta a los nuevos presupuestos estéticos románticos subyacentes en la corriente del Sturm und Drang de finales del siglo XVIII, muy bien conocida por el músico italiano a través del repertorio interpretado en la Real Cámara y conservado en gran parte en el Palacio Real de Madrid.

Elegancia y ligereza caracterizan las versiones que Carmen Veneris hace de los minuetos (a veces más cercanos al scherzo romántico que al baile de moda en los salones europeos del siglo XVIII), donde el conjunto ha sabido mostrar la extremada delicadeza e inspiración de fragmentos como el Trío “minore” (en una tonalidad extrema: Mib menor) del Divertimento V (L. 149).

Asimismo, el sonido conseguido por los intérpretes resulta muy evocador en los movimientos lentos, con una amplia gama de matices dinámicos y expresivos y poco o casi nulo uso del vibrato. Los movimientos rápidos son acreedores de una frescura y vivacidad que atrapan al oyente desde el primer al último compás, si bien en algún momento el tempo escogido llega a extremos tales que dificultan la correcta dicción y articulación en algunos pasajes, como sucede hacia el final del tercer movimiento del Divertimento I (L. 145), donde la densa escritura del violín impide una mayor nitidez interpretativa. Esta excesiva rapidez parece afectar también a alguno de los movimientos lentos, como el “larghetto amoroso” del Divertimento V (L. 149), que si bien está bellamente impregnado de un verdadero espíritu amoroso en los primeros compases, la presencia de un pasaje con abundancia de fusas proporciona cierto desasosiego a la interpretación.

Un aspecto de importancia que plantea ciertos interrogantes es la fuente manuscrita utilizada: una partitura conservada en la Biblioteca Nacional de París (la única existente), en ocasiones un tanto difícil de leer, por tratarse de un documento autógrafo. La eventual dificultad de lectura unida a ciertas erratas en la transcripción moderna parecen estar detrás de varias diferencias de notación u ornamentación con respecto al manuscrito original, muy sustanciales en el primer movimiento del Divertimento II (L. 146), donde casi todo un compás se ve afectado en la altura de las notas del violín. Es una lástima que cuestiones hasta cierto punto ajenas a los intérpretes menoscaben el excelente resultado obtenido por estos en una grabación hasta ahora inédita.

Otro aspecto que no pasa inadvertido es la a veces polémica distinción entre mordente y apoyatura que caracteriza las obras de Brunetti y su época. Cabe reconocer que la interpretación de estos ornamentos parece haber sido resuelta con éxito por el grupo, cuyo acertado criterio proporciona una solución si no perfecta (algo difícil y subjetivo en estos casos), al menos musicalmente convincente. Tan sólo se podría echar de menos, quizás, un poco más de nitidez en algunos momentos, como en el tercer movimiento del Divertimento II (L. 146).

La madurez interpretativa de los componentes de Carmen Veneris se aprecia asimismo en aspectos como la introducción de ritardandi no escritos por el compositor pero que suponen una preparación muy adecuada para los cambios de sección, facilitando al oyente la comprensión del discurso musical. Un buen ejemplo de ello es el Rondó final del Divertimento II (L. 146). Finalmente, una característica de la grabación que merece ser destacada es la acertada interpretación de los particulares silencios que utiliza Brunetti para generar tensión, sobre todo en los cambios de sección, algo que se aprecia especialmente en el primer movimiento del Divertimento III (L. 147) y, principalmente, en la sección final en 3/8, prestissimo y pianissimo, con varios silencios que interrumpen el discurso musical y lo enriquecen con lo sorpresivo de su estratégica colocación. Un excelente final con el que culmina un disco no menos excelente y rico en matices interpretativos que afianza la posición de Carmen Veneris en la recuperación de un repertorio histórico pleno de dificultades técnicas muy bien resueltas. Indudablemente, este trabajo es una inmejorable carta de presentación para Carmen Veneris, que no solo no tiene nada que envidiar a otras grabaciones de música de cámara del Brunetti, sino que muestra una lectura muy personal y acertada de la música del compositor.